martes, 17 de abril de 2018

Los niños milenarios



Peter Pan in Kensington Gardens, Arthur Rackham, 1912



Están muertos hace siglos pero nunca murieron.

Los escucho bisbisear por las noches cuando enciendo mi farolillo para iluminar la travesía nocturna. También a veces se paran un momento en las cuerdas de la ropa o en las antenas más altas, o les veo brillar los ojos en el fondo del  sumidero de la terraza.

Cantan canciones interminables en los caracoles de mis oídos, que suenan un poco como las esquilas del ganado o el silbo del viento en la chimenea. Se asoman por mis sueños descaradamente y suelen hacerse los encontradizos por mis vigilias.

Nuestras madres y abuelas nos acunaron con ellos, con ellos saltamos a la comba y tiramos las tabas, y también nos contaron cómo era sentir las fauces de la fiera justo detrás de nuestra nuca, y nos estremecimos cuando supimos, porque ellos nos lo dijeron, que podíamos caernos en el abismo del cielo, del barranco o del mar.

Ellos nos dijeron que no pasáramos bajo la escalera, y nos provocaron a hacerlo. Nos llevaron a buscar tréboles de cuatro hojas. Nos miraron poniéndose bizcos desde las páginas de más de un libro. Nos invitaron a ser uno de ellos. Yo acepto la invitación.

Saben contar, al menos hasta veinte. Y conocen los verdaderos nombres de las estrellas. Juegan con flores y calaveras, con caramelos y venenos. No hay nadie más sincero, ni nadie que hable con más niebla. Si la niebla se levanta, la desnudez es grande y casi nadie se queda a averiguar nada más.

A veces muerden, y a veces te los encuentras durmiendo enroscados en el rincón más calentito, como los gatos.

No tienen vergüenza, ni piedad, ni prisa, ni aburrimiento. Y cuando un lugar está vacío de ellos, no hay nada más vacío.

Guarda un sitio a los niños milenarios si quieres mirar al fondo del espejo.

(Escrito en febrero de 2018)






x

miércoles, 11 de abril de 2018





La espiral es la madre del mapa de la vida, eso supe. Y esa espiral tiene que cuajar en algo corpóreo, calcáreo, real, que suena si lo golpeas, que parece muerto, pero míralo, no tiene principio ni fin.
Toda mi casa era una sala de pasos perdidos y yo deambulaba buscando un sorbo de belleza.
El caracolillo blanco me dijo “ponme encima del viejo mármol”.
El anciano aparador callaba. El caracol me guiñó un ojo inexistente.
Y la encontré.





jueves, 4 de febrero de 2016

Kairós






Yo voy lenta.

Como los volcanes, como las ballenas, como los árboles.

Yo voy despacio hasta que viene una erupción, una danza, una primavera.

No quiero que me urjan, que me azucen, no quiero ir así. Así no me respira el alma.

Tengo que sentir las manos metidas muy adentro del barro de la vida. 

Tengo que quedarme mirando hasta que sepa que no soy yo la que mira, y empiece el amor. 

Tengo que dejar crecer las raíces hasta que la savia o la lava me inunden de golpe. 

Kairós. 

Entonces estallo, bailo, nazco y muero.

Qué cosa extraña, el tiempo, los tiempos de cada quién, tan diferentes.

Pero kairós no es tiempo. Es la puerta del tiempo.


Presente despierto, kairós.




Kairós, relieve de Lisipo



martes, 25 de agosto de 2015

viernes, 17 de julio de 2015

Conexión





Momentos en que sabes que eres parte de todo

Sabes que nunca estás sola aún en la más desierta soledad dentro o fuera de ti

Hablas con los árboles, con el río, con los pájaros que pasan

Tienes el sol en la garganta y el cielo estrellado ocupa el lugar de tu vientre

Miras con los ojos de la ballena y de la mariposa

Y la sangre corre por tus venas al ritmo del agua de los arroyos

El mar es tu madre y  el rumor incógnito del fondo de tu cerebro

Tocas la tierra y vibras con el temblor de la hierba que crece

Ves arder la energía todo alrededor  y cómo los hilos de fuego te recorren vivos

No temes al bien ni al mal

Sabes que has nacido y muerto muchas veces

Sabes que no eres nadie y que eres inmortal.










domingo, 18 de mayo de 2014

Saaremaa




 
Volver a aquella infancia tan lejana

y saber que siempre he estado allí,

bajo ese sol blanco y silencioso

que hacía humear la hierba entre las pezuñas de las vacas

en la mañana escarchada.


 

martes, 1 de abril de 2014

De Fernando Pessoa

 
 
 

La frase bajo el título del blog es un verso de Pessoa. Le debía poner el poema entero, y aquí está.


Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor
sería más feliz por un momento...
Pero no siempre quiero ser feliz,
es necesario de vez en cuando ser infeliz para poder ser natural...
No todo es días de sol,
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad como la felicidad.
Naturalmente, como quien no se extraña
de que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas...
Lo que es necesario es ser natural y calmado,
en la felicidad o en la infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda.
Y cuando se ha de morir,
recordar que el día muere y que el poniente es bello
y bella la noche que se queda.
Así es y así sea.