sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz año nuevo



El violinista azul - Marc Chagall



Te deseo
el calor de la llama,
la frescura del agua.
Te deseo
la fuerza de la fragua,
la savia de la rama.
Te deseo
el callar de la tierra
y el cantar de los vientos,
el vibrar de la estrella
y el creer de los cuentos.
Te deseo
que seas lo que quieras
y quieras lo que seas.
Que partas, andes, llegues...
y retomes la senda.
Que seas siempre libre,
y que además, lo sepas.



lunes, 12 de diciembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

domingo, 25 de septiembre de 2011

De nuevo, otoño.



Otoño dulce como las uvas en sazón, como los higos y las granadas maduras que se abren y ofrecen sin pudor su ternura.

Otoño fresco como la lluvia de ayer, como el aire que llega de madrugada, silencioso, haciéndote saber que algo va a cambiar, que algo nuevo está por nacer.

Otoño desnudo como la luz, como la transparencia, como los árboles que dejan caer  todo lo que ya es superfluo, para quedarse sólo con lo imprescindible, la energía de la vida centrada en el interior, que podrá crear más adelante una primavera.

Otoño para reunirse, para reencontrarse. A uno mismo y a los otros. Para encender la hoguera en el centro de la tribu y del corazón. Tiempo de escuchar, de conversar, de disfrutar y compartir lo cosechado, de trazar planes, de contar historias, de dejar reposar el mosto.

Otoño para deslizarse suavemente en la oscuridad. Sin miedo, como el sol. Otoño para aventurarse en la cara oculta de la luna. Otoño para temblar brillando con las estrellas.

Otoño, el tiempo de la caza. Hay que discernir bien la presa, prepararse a fondo para merecerla y salir con decisión a por ella.

Otoño, el tiempo del acecho, el tiempo de la desnuda lucidez.


lunes, 22 de agosto de 2011

Fuego




Hoy es día de fuego.
Siento cómo crepita el aire a mi alrededor.
Lo veo centellear en torno a mi piel.
La energía vibra, aún extraña y salvaje (¿aún?), sin nombres ni explicaciones.
Siento el fuego, dentro y fuera de mí, haciendo su labor sin traducción, su trabajo arrasador, aventando el sueño, consumiendo los domésticos contornos de las cosas, levantando y destruyendo mundos cambiantes, ardientes, fugaces como llamas.
No hay ropas, no hay caminos, no hay ritos, no hay etapas, no hay preguntas o respuestas, no hay nada que no pueda arder.

La ira se puso en pie y arrancó a correr desnuda enseñando los dientes.
Duró lo que una llama.
La confianza era una niña pequeña y dolorida.
La alcanzó el incendio, se acabó el dolor.
La ambición, una montaña rocosa cuya cima bailaba con las nubes.
Fue derretida, sus altos peñascos se fundieron entre siseos, desapareció en el lago ardiente.
La fe se prendió, roja, blanca, negra… desvanecida en la gran hoguera.
El miedo, ese agujero negro, se volvió resplandeciente y convexo, una enorme burbuja ígnea que reventó en millones de chispas.
Ya no existe.

No hay refugio.

Sólo fuego.

¿Y quién podría estar escribiendo esto?

El fuego.


miércoles, 23 de febrero de 2011

Buscándome



Buscándome en el centro
En los latidos del corazón, esos ires y venires de la sangre

Buscándome dentro
En ese pilar de luz
En el árbol gigantesco
Entre el cielo y la tierra

Buscándome fuera
En las nubes que hoy se afinan blancas entre vientos azules
En los brotes que comienzan a hincharse en las ramas
En las gargantas de los pájaros

Temiéndome
En los pasos pesados y tediosos de consabidos peatones
En los grises tubos de escape malolientes
En el filo cortante de las frustraciones y el perfil áspero del desánimo que encallece el alma

Buscándote
En esos mismos lugares en que yo me busco

Buscándote buscándome siempre
Siempre siempre siempre

Qué cansancio ya
Quiero sólo sentir
Quiero sólo encontrar