sábado, 15 de octubre de 2011
lunes, 3 de octubre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
De nuevo, otoño.
Otoño dulce como las uvas en sazón, como los higos y las granadas maduras que se abren y ofrecen sin pudor su ternura.
Otoño fresco como la lluvia de ayer, como el aire que llega de madrugada, silencioso, haciéndote saber que algo va a cambiar, que algo nuevo está por nacer.
Otoño desnudo como la luz, como la transparencia, como los árboles que dejan caer todo lo que ya es superfluo, para quedarse sólo con lo imprescindible, la energía de la vida centrada en el interior, que podrá crear más adelante una primavera.
Otoño para reunirse, para reencontrarse. A uno mismo y a los otros. Para encender la hoguera en el centro de la tribu y del corazón. Tiempo de escuchar, de conversar, de disfrutar y compartir lo cosechado, de trazar planes, de contar historias, de dejar reposar el mosto.
Otoño para deslizarse suavemente en la oscuridad. Sin miedo, como el sol. Otoño para aventurarse en la cara oculta de la luna. Otoño para temblar brillando con las estrellas.
Otoño, el tiempo de la caza. Hay que discernir bien la presa, prepararse a fondo para merecerla y salir con decisión a por ella.
Otoño, el tiempo del acecho, el tiempo de la desnuda lucidez.
lunes, 22 de agosto de 2011
Fuego
Hoy es día de fuego.
Siento cómo crepita el aire a mi alrededor.
Lo veo centellear en torno a mi piel.
La energía vibra, aún extraña y salvaje (¿aún?), sin nombres ni explicaciones.
Siento el fuego, dentro y fuera de mí, haciendo su labor sin traducción, su trabajo arrasador, aventando el sueño, consumiendo los domésticos contornos de las cosas, levantando y destruyendo mundos cambiantes, ardientes, fugaces como llamas.
No hay ropas, no hay caminos, no hay ritos, no hay etapas, no hay preguntas o respuestas, no hay nada que no pueda arder.
La ira se puso en pie y arrancó a correr desnuda enseñando los dientes.
Duró lo que una llama.
La confianza era una niña pequeña y dolorida.
La alcanzó el incendio, se acabó el dolor.
La ambición, una montaña rocosa cuya cima bailaba con las nubes.
Fue derretida, sus altos peñascos se fundieron entre siseos, desapareció en el lago ardiente.
La fe se prendió, roja, blanca, negra… desvanecida en la gran hoguera.
El miedo, ese agujero negro, se volvió resplandeciente y convexo, una enorme burbuja ígnea que reventó en millones de chispas.
Ya no existe.
No hay refugio.
Sólo fuego.
¿Y quién podría estar escribiendo esto?
El fuego.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Buscándome
Buscándome en el centro
En los latidos del corazón, esos ires y venires de la sangre
Buscándome dentro
En ese pilar de luz
En el árbol gigantesco
Entre el cielo y la tierra
Buscándome fuera
En las nubes que hoy se afinan blancas entre vientos azules
En los brotes que comienzan a hincharse en las ramas
En las gargantas de los pájaros
Temiéndome
En los pasos pesados y tediosos de consabidos peatones
En los grises tubos de escape malolientes
En el filo cortante de las frustraciones y el perfil áspero del desánimo que encallece el alma
Buscándote
En esos mismos lugares en que yo me busco
Buscándote buscándome siempre
Siempre siempre siempre
Qué cansancio ya
Quiero sólo sentir
Quiero sólo encontrar
viernes, 26 de noviembre de 2010
La noche es el mar
Hace tiempo, viví tres años muy cerca del mar...
La noche es el mar esta noche,
de salitre y estaño.
Alarga los brazos y canta
con la voz de las cosas perdidas,
oscura y remota.
Talla mi cerebro en aristas brillantes.
Envuelve sus hombros en azul
como una mujer alta y solitaria,
y camina por la orilla de los rumores
con pasos de jirafa triste.
La noche es el mar.
Esta noche
hay que vendarse los oídos,
atarse a las ventanas,
porque las sirenas
han salido en busca de su alma
una vez más.
Merodean ondulando
cabellos sueltos y lamentos largos
que suben a secuestrar los sueños
y a seducir toda cordura
hasta llevarla enfebrecida al mar,
al mar que nunca descansa,
al mar
- ¡cuidado! -
esta noche.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Dí mi nombre
![]() |
| Manzano - G. Klimt |
Ésto era una vez, en un balcón, de madrugada,
una mujer que estaba enamorada y no podía dormir...
Quisiera defraudarte, amigo, sí.
Romper todas las imágenes que puedas tener de mí
para que entonces
ya
me puedas encontrar
toda tierna
toda blanca
toda yo
por fin.
Y como ya sé que el tiempo no es ilimitado
y que algún día moriremos,
no quiero irme sin haber acariciado tu cara
sin haberte besado despacio
sin que mis manos hayan vagabundeado por tu cuerpo
sin haber escuchado tu corazón.
Te abrazo
el tiempo no existe
ni el espacio
Te abrazo
con los ojos
con las piernas
con los brazos
pero sin atraparte, amor,
sólo con todo el presente.
Te miro
te veo
te reconozco,
yo sé que te reconozco.
Y tú me miras
me ves
me nombras,
qué gran respiro
qué descanso
cómo puede ser a la vez
tanto deseo y tanta paz.
Nos veo juntos
a la sombra de un gran manzano
que madura en torno a nosotros
y el aire,
todo el aire huele a manzanas
dulces, ácidas, crujientes.
Quiero defraudarte y luego
dí mi nombre, por favor.
dí mi nombre, por favor.
Dí mi nombre.
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